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lunes, 17 de septiembre de 2018

De parias y patrias. El problema de las migraciones humanas



Resultado de imagen de fotos y dibujos sobre migración en el mundo

       Las migraciones humanas han existido desde el propio origen de la Humanidad. Y esto es así como un fenómeno que es derivado de una necesidad vital que se da en todos reinos de la Naturaleza, desde una sinergia que procura su expansión, mantenimiento y evolución cada vez mas compleja de sus diversas formas para dar expresión maravillosa de la vida misma.
      
       Por lo tanto migración es el propio movimiento que ejerce la vida y la materia en aras de su evolución y sostenimiento. Todos los elementos químicos presentes en nuestro planeta y en nuestros propios cuerpos humanos son fruto de un movimiento continuo expansivo y esparcido de la energía en sus diversas formas. Así pasa de manera imperceptible con la deriva de los continentes, transformando sus lechos marinos en majestuosas cadenas montañosas. Las mismas estrellas en su dilatada dinámica de miles de millones de años, nacen, se desarrollan y mueren en un proceso implosivo y explosivo hacia los confines del oscuro espacio interestelar, condensador y diseminador al mismo tiempo de sus elementos químicos, en una interdependencia inevitable para explicar el orden cósmico. Los mismos cometas, asteroides y meteoritos son migrantes espaciales.

       Centrándonos en la cuestión de las migraciones humanas, sin ellas no se explicaría, o mejor dicho, no existiría la riqueza cultural, comercial y de pensamiento que ha producido la Humanidad desde sus albores hasta el presente, pero al mismo tiempo ello ha sido motivo de conflictos, motor que ha impulsado choques bélicos, conquistas expansivas de imperios, guerras religiosas para la conversión de infieles de las distintas creencias, etc.

         Las naciones mas poderosas y “desarrolladas” que hoy plantean el fenómeno de la inmigración como un acuciante problema a atajar, desde ciertas acciones de gobierno y alimentadas por una parte cada vez mayor de sus sociedades, debieran social, política y religiosamente reflexionar sobre el proceso histórico de evolución que les ha llevado a ser lo que son hoy día. La gran mayoría desconoce o no quieren ver, que los intereses nacionales identitarios y el cúmulo de sus privilegios sociales y económicos que hoy tienen, y que afirman ver amenazados, fueron cimentados con sus propias emigraciones bélicas y colonizadoras, desde un pasado lejano hasta mediados del pasado siglo... y hasta en el propio presente. Sí, porque las potencias económicas y militares europeas, norteamericana, asiáticas, y alguna que otra emergente, continúan con su impulso succionador de recursos naturales de los países del Tercer Mundo, sí, muchos de los cuales aparte de pobreza, con inseguridad jurídica y sin garantías de Derechos Humanos básicos, no tienen otra cosa que exportar que desesperados seres humanos migrantes, bajo un “efecto llamada” que antes que nada resuena en sus pobres lares como cantos de sirena que prometen un Dorado inalcanzable casi siempre para ellos.

        Es cierto que una vez superadas las amenazantes barreras líquidas de mares, el engaño y explotación de mafias inhumanas, de saltar a duras penas muros hormigonados cada vez mas altos o de franquear alambradas cortantes, parece inevitable que algunos porten en sus míseras mochilas intenciones oscuras de crueldad y conflicto, pero son una minoría ínfima en comparación con la dignidad del resto. En cambio, ha sido masivo y lo es aún hoy en día el despiadado interés egoísta de multinacionales occidentales que les expolian sus recursos naturales a cambio de casi nada, o el sufrimiento geopolíco originado por conflictos bélicos con intervención extranjera, como ejemplo los casos recientes de Irak, Libia o de Siria en el presente.

       Siempre se ha dicho que no es posible ponerle puertas al campo. Y esto es así, y lo será cada vez más con la permeabilidad inevitable de las fronteras, suelos que a un lado y otro de las mismas comparten la misma composición edáfica, con ríos que no han pedido jamás permiso ni han mostrado documentación alguna en su geológico transcurso, igual que las aves que surcan los cielos en sus ciclos naturales de viajes migratorios. Líneas de ficción que no existen en la Naturaleza, la que por cierto ofrece sus recursos para todos, igual que la luz y el calor del Sol. Durante mucho tiempo las hoy indignadas islas patrias del bienestar lograron disfrutar de su privilegiada situación teniendo en relativa calma al controlado oleaje de la marejada paria, de esos otros desconocidos e ignorados humanos acuciados por hambrunas, epidemias y falta de recursos básicos para la vida, pero en un mundo tan globalizado como el actual, realmente no habrá puertas posibles para el campo, ni para el mar. Por otra parte, la presencia y hasta demanda regulada con generosidad de ese flujo migratorio, se hace indispensable para los propios estados que los reciben, por su paradógico problema de natalidad entre sus propios conciudadanos. Esa mano de obra migrante ya fue indispensable en las reconstrucciones nacionales de la última postguerra mundial. Igualmente resulta indispensable el esfuerzo y compromiso del migrado por adaptarse y respetar las normas, costumbres y singularidades propias del país que los acoge.

      La reflexión final no podía ser otra, y es que urge mas que nunca pasar del interés egoísta de los nacionalismos patrióticos a la búsqueda del Bien Común de un todo llamado Humanidad.

     

miércoles, 20 de abril de 2011

La Iniciativa de la Carta de la Tierra


¿QUE ES LA CARTA DE LA TIERRA?

"La Carta de la Tierra es una declaración de principios éticos fundamentales para la construcción de una sociedad global justa, sostenible y pacífica en el Siglo XXI. La Carta busca inspirar en todos los pueblos un nuevo sentido de interdependencia global y de responsabilidad compartida para el bienestar de toda la familia humana, de la gran comunidad de vida y de las futuras generaciones. La Carta es una visión de esperanza y un llamado a la acción.

La Carta de la Tierra se preocupa especialmente por la transición hacia formas sostenibles de vida y el desarrollo humano sostenible. Por lo tanto, la integridad ecológica es uno de sus temas principales. Sin embargo, la Carta reconoce que los objetivos de la protección ecológica, la erradicación de la pobreza, el desarrollo económico equitativo, el respecto a los derechos humanos, la democracia y la paz son interdependientes e indivisibles. Por consiguiente, el documento ofrece un nuevo marco ético integral inclusivo para guiar la transición hacia un futuro sostenible.

La Carta es el producto de un diálogo intercultural que se llevó a cabo durante toda una década a nivel mundial en torno a diversos objetivos en común y valores compartidos. El proyecto de la Carta de la Tierra comenzó como una iniciativa de las Naciones Unidas, pero se desarrolló y finalizó como una iniciativa de la sociedad civil. En el año 2000, se concluyó el documento y la Comisión de la Carta de la Tierra, una entidad internacional independiente, la dio a conocer públicamente como una carta de los pueblos.

La redacción de la Carta de la Tierra abarcó el proceso más inclusivo y participativo que se haya efectuado jamás en torno a la creación de una declaración internacional. Este proceso es precisamente la fuente de su legitimidad como marco ético rector. La legitimidad del documento se ha fortalecido aún más mediante el respaldo obtenido de más de 4,800 organizaciones, lo que incluye a diversos organismos gubernamentales e internacionales.

A la luz de esta legitimidad, una creciente cantidad de juristas internacionales reconoce que la Carta de la Tierra está adquiriendo un estatus de documento de ley blanda. Se considera que este tipo de documentos, tal como la Declaración Universal de Derechos Humanos, son moralmente vinculantes, aunque no en el plano jurídico, para los gobiernos estatales que aceptan avalarlos y adoptarlos. Por lo general, estos documentos establecen la base para el desarrollo de una ley dura.

En un momento en que se necesita con urgencia la generación de importantes cambios en la forma en que pensamos y vivimos, la Carta de la Tierra nos desafía a examinar nuestros valores y a escoger un rumbo mejor. En un momento en que la educación para el desarrollo sostenible se ha transformado en un elemento esencial, la Carta de la Tierra ofrece un instrumento educativo muy valioso. En un momento en que se necesitan cada vez más las alianzas internacionales de trabajo, la Carta de la Tierra nos exhorta a buscar aspectos en común en medio de nuestra diversidad y a adoptar una ética global que comparte una creciente cantidad de personas en todo el mundo".